miércoles, 4 de septiembre de 2013


Capítulo 11 
Fragmentos del alma

Noche cerrada en el bosque. Las estrellas brillaban con fuerza en el firmamento, dejando pasar su casi imperceptible luz por las hojas de los árboles. Todo el ambiente era relajado y tranquilo. A la orilla del río había una joven de cabellos blancos, más largos que su propio cuerpo. No era Tara, pues no tenía alas. Al menos, no físicas, pues en su reflejo se podía apreciar la sombra de unas alas de ángel. La joven dio una patada enfurecida al agua, turbando su imagen del agua.

-Estúpidas alas, debí haberlas heredado.

Con una katana que tenía en su cinto, se cortó el cabello por la cintura, tal vez por rabia, tal vez por comodidad. Solo ella sabía lo que pensaba. Suspiró y decidió meterse un poco en el río. Su nombre era Karina. Descendiente de los ángeles y de los "neko". Sin embargo, nunca llegó a heredar las alas que toda su familia poseía. Hecho por el cual la ignoraban y repudiaban. Cerró los ojos para evitar recordarlo.

Volar. Su único sueño. Poder agitar unas alas brillantes y poderosas, surcar los cielos. No se limitaba con la levitación que había logrado tras arduos entrenamientos, quería volar de verdad.

Sacudió la cabeza para cambiar de pensamientos, pues no eran los que la habían traído hasta allí. Miró los alrededores con dudas, hasta que divisó luz en una copa de un árbol lejano. Caminó hacia allí, decidida. Al menos, hasta que un encapuchado se cruzó en su camino.

-Pareces interesada en ir hacia casa del hada. ¿Qué quieres de ella?

Karina se estremeció ante la áspera voz del hombre que se alzaba ante ella, cortando el camino.

-No es asunto tuyo.

-Oh, claro que lo es. Esa hada debe vivir hasta que yo obtenga su alma, no permitiré que la mates.

Karina se relajó un poco, mirando a la persona que había delante suya.

-Tú eres el ser del que debería haberla protegido si yo hubiese sido elegida. ¿No es cierto?

Dark se bajó la capucha, dejando que sus ojos rojizos destacaran en la noche.

-Sí, pero en tu lugar eligieron a tu hermano... Kyle, ¿No es cierto? - sonrió de forma seductora -. Mi pobre corrompida, hiciste bien en ponerte del lado de la oscuridad.

Karina bajó la mirada, sorprendida por lo mucho que sabía ese ángel caído de ella, a pesar de no haberse visto nunca.

-Sé que te preguntas cómo puedo saber tanta información. Todo a su tiempo, Karina - Dark la miró de reojo -. Si quieres saberlo, claro...

-Me gustaría. Pero no será gratuito, creo ver.

-Sé mucho más de ti, de Tara... Y de Kyle - la miró para ver su reacción, que no fue otra que mirarle de forma inquisitiva -. Si quieres saberlo, tendrás que cumplir dos cosas.

Karina miró dudosa al joven, que tenía algo que se hacía de respetar. Era más alto que ella, misterioso, frío, renegado al igual que ella, apuesto. Carraspeó para centrarse en lo que estaba.

-Te escucho.

-La primera, que no te acerques a Tara por ahora. Podrás observarla de lejos - se acercó a ella a medida que hablaba, terminando por quedar a escasos centímetros de su rostro -. Y la segunda, que vengas conmigo a mi base. Me da lástima que una joven tan bonita vague sola por este peligroso bosque - puso cara de falso miedo -. Además, hay una asesina suelta por el lago, a dos kilómetros de aquí. Podría estar escuchando ahora mismo.

Karina se estremeció. La verdad era que necesitaba dormir, pero si lo hacía por el día no podría ver la actividad diaria de Tara, así que pensaba dormir por la noche, sin embargo, con esa asesina suelta, no lo tenía tan claro. No llegó a detectar la sonrisa satisfecha de Dark cuando dijo que aceptaba.

-Está bien. Tu habitación te estará esperando.

Tras un chasqueo de dedos, aparecieron en su oscura mansión celestial, cuya ubicación era un oscuro nubarrón. Yami se encontraba mirando las fotos que tan especiales eran para ella, las de Hikaru. Levantó la vista para ver a Karina.

-Deja de traer más esclavas, Dark, ya tienes una docena de prostitutas que esclavizaste de este viejo reino.

Karina alzó las cejas al notar cómo Dark se ruborizaba, pero sin perder su mirada fulminante.

-Calla, Yami. Te dije que no hablases de eso. Son simples sirvientas.

-Si supieses lo finas que son las paredes por las noc... ¡Oye!

Tras un pequeño golpe de Dark, la pequeña calló definitivamente. Karina luchó por mantener su postura neutra, aunque era complicado. Se esperaba al legendario asesino de las sombras un poco más violento. Dark la condujo por los pasillos de la mansión hasta una de las más cercanas al jardín trasero, compuesto por rosas negras y fuentes de sangre. Karina sonrió, le gustaba. Al igual que la habitación, de muebles oscuros y victorianos. Karina se sentó en el sillón central, agotada. 



-Gracias, Dark.

-No hay de qué. Recuerda nuestro trato.

Karina afirmó con la cabeza. El ángel iba a marcharse de la habitación, pero se detuvo un instante.

-Por cierto, ¿De qué te alimentas exactamente?

-Sangre humana y carne animal.

Dark sonrió, dejando mostrar sus colmillos bañados en sangre de hacía diez minutos, justo antes de encontrar a la chica.

-Está bien. Una sirvienta vendrá a avisarte de la comida.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Kyle despertó violentamente al amanecer, tras una amarga pesadilla. Miró a Tara, que dormía plácidamente a su lado. Se lamió la pata y se recostó, no sin sentir una amarga presión en su pecho. No descubrió lo que era hasta horas más tarde, en el río.

-¡Kyle, ven a ver esto!

Se acercó donde Tara indicaba. En la orilla del río había una cabellera casi tan larga como la del hada, tirada en el suelo. Kyle cogió un mechón y lo examinó. El corte era limpio y de algo extremadamente afilado. Pensaba que era de su protegida hasta que se le ocurrió olerlo. Abrió los ojos con fuerza y se echó hacia atrás.

-¿Qué ocurre?

-Karina está aquí...

-¿Quién? - Tara estaba algo asustada por el miedo que reflejaban los ojos de Kyle.

-Mi hermana - al ver la cara que ponía de pronto Tara, pudo leer sus intenciones -. No. No vamos a ir a conocerla. Quiere matarte.

Tara tuvo un escalofrío. No le convenía tener tantos enemigos.

-¿Qué harás?

-Mi misión. Protegerte - miró al cielo con decisión -. Ahora mejor volvamos a casa, es peligroso.

Volvieron a casa con rapidez, mientras Karina sonreía desde la copa de un árbol, observándolos.

-Muy pronto serás mía... Tara.



sábado, 25 de mayo de 2013


Capítulo 10
Entre gotas de lluvia

Kasumi había pasado toda la mañana dentro de casa, mientras llovía. Llevaba ya días así y no podía ir a ver a Tara y los demás, o se ensuciaría hasta la cabeza. Suspiró y, sentada en el sillón al lado de la ventana, siguió tomando su té mientras miraba caer las gotas por el cristal de la misma. Además, le daba miedo salir, pues llevaba un par de días notando que alguien la observaba. Se removió nerviosa en su asiento al detectar movimiento más allá de la lluvia. Dejó la taza en una mesa y se acercó a la ventana. Por primera vez vio al sujeto que llevaba días observándola, difuminado por las gotas de lluvia.

Era un joven de pelo rubio platino, con unos intensos ojos azules, que miraba ausente la casa. Pero al darse cuenta de que Kasumi le miraba, se dio la vuelta y se dispuso a irse. Pero Kasumi sintió curiosidad, así que salió en modo humana con un paraguas a buscarle. Corrió unos minutos hasta que lo divisó al linde del bosque. Kasumi vivía en una inmensa pradera, cruzada por un pequeño río poco profundo, así que era fácil ver a los visitantes, pero con la neblina que la lluvia producía, se llenaba todo de barro que resbalaba hacia el río, así que era muy difícil seguir a la gente. Poco antes de alcanzar al joven misterioso, resbaló en un charco inesperado y rodó ladera abajo, golpeándose la cabeza contra una roca y perdiendo el conocimiento.

El joven miró justo a tiempo para ver a la joven rubia rodar hacia abajo, y se apresuró a salvarla de ahogarse en el río. Corrió hasta la ladera y se deslizó por ella con habilidad. Encontró a la chica que vivía en aquella casa al lado del río, a punto de caer en él, estaba inconsciente, así que la cogió en brazos y con el paraguas irreparable, la llevó hasta la casa. Una vez en el porche notó que respiraba mal, supuso que había respirado agua.

-Maldita sea. - musitó el joven.

La puso boca abajo y se puso a hacerle pulsaciones en la espalda, a la altura de los pulmones, con la fuerza suficiente como para sacar el agua pero no hacerle daño. No tardó nada en que Kasumi sacara toda el agua de su interior. Se giró y miró al joven, que estaba encima de ella zarandeándola pro los hombros con suavidad su rostro parecía frío e incluso despiadado, pero a la vez protector.


-Hola, ¿Estás bien?

La voz del joven era suave y seductora. Ella se sonrojó y se levantó, quitándose al chico de encima.

-Sí, gracias por salvarme.

-No es nada, no podía dejarte allí.

Kasumi lo miró, ahora sonreía con timidez y estaba sentado en la pared del porche, mirando el cielo nublado. Miró a Kasumi.

-¿Cómo te llamas?

-Soy Kasumi... ¿Y tú?

-Mi nombre es Tamashi, llevo una semana perdido en este bosque y no encontraba a nadie.

Kasumi rió por dentro. Claro que no encontraría a nadie. Estaba a varios días de Fukoshi.

-¿Por eso me observabas?

-¡Vaya!¿Te diste cuenta? - Tamashi se sonrojó bastante con una sonrisa, y desvió la mirada. Eso dio la señal a Kasumi de que no era muy peligroso, además, sus plantas se lo hubiesen comunicado.

-Sí, me di cuenta... Pasé miedo.

-Oh... Lo siento mucho, Kasumi.

Miró abajo con una sonrisa abatida, Kasumi rió ahora a carcajadas y lo miró.

-Pareces un niño pequeño, ¿De dónde vienes?

-De la capital, me escapé con catorce años porque no me trataban demasiado bien. He viajado mucho y aquí he llegado, buscando un pueblo llamado Fukushi o algo así.

-¿Fukoshi? Estás tres días de viaje. Esta pradera es el lado contrario del bosque.

-Sorprendente, ¿Y tú cómo te comunicas?

-No me comunico, cultivo mi comida y vivo sola aquí.

A Tamashi no le sorprendió la respuesta, pues sabía su naturaleza de ninfa, pero fingió sorpresa y sonrió.

-Tiene que ser aburrido.

-No tanto como crees.

-¿Podría quedarme?

Kasumi miró sonrojada al chico. Demasiado repentino para ella. Se lo pensó un par de minutos mientras miraba a los ojos del joven, y ladeó la cabeza.

-Poder puedes, pero tendrías que dormir en el sofá.

-No hay problema, en sitios peores he dormido. ¿Sabes que hay un pueblo algo lejos de aquí que duermen en piedras?

Ambos siguieron hablando bastante rato. Kasumi no se sentía mal, pero tampoco terminaba de estar cómoda. Notaba algo en su aura que era muy extraño, pero al final decidió no hacer caso a eso y le invitó a pasar.

-Así secaré tu ropa, menos mal que hace poco fui al pueblo y compré ropa de hombre.

-¿Para qué? Espero que no la uses tú...

Kasumi soltó una carcajada.

-No, es para un amigo mío, en poco tiempo es su cumpleaños y no sabía que regalarle, pero ya pensaré otra cosa.

Kasumi le ofreció una sencilla camisa blanca, con pantalones largos negros. Kasumi se fue a su habitación a cambiarse, mientras Tamashi se probaba la ropa, la cual le iba como un guante. Tendió la ropa en el porche y se sentó en el sillón, mirando la casa. Era de madera, muy sencilla. Constaba de un salón comedor con chimenea, una cocina, el baño y una única habitación. No alcanzó a ver bien la habitación, pero logró entrever un lado de la misma lleno de madera, herramientas y materiales. Sería una construcción, pensó. En las paredes habían algunos cuadros con fotografías de flores. Y divisó una muy peculiar, en la que salía una joven de pelo violeta... Y un hada de pelo blanco. Al salir Kasumi con ropa más sencilla y seca, le preguntó.

-Mi mejor amiga y yo en una fiesta de disfraces, no te preocupes.

-¿Y dónde vive?

-Vive en una casa en un árbol, en pleno bosque. Ella está a solo cuatro horas del pueblo.

-Os veréis poco.

-La verdad es que nos vemos mucho, ya que yo apenas uso esta casa. Has tenido suerte de encontrarme. Apenas pasara la tormenta pensaba irme con ella una temporada.

-Cierto, he tenido suerte - Tamashi sonrió mirando el fuego, algo agotado -. Es tarde, está oscureciendo.

-En ese caso mejor vamos a dormir, mañana ya debe haber pasado la tormenta y tengo cosas que hacer cerca de aquí.

-No hay problema.

Kasumi le preparó una almohada y algunas mantas a Tamashi en el sofá, que se podía volver cama. Apenas una hora más tarde, cenaron y fueron a dormir. Tamashi tardó en dormirse mientras observaba el techo de la casa.

-Kasumi...

Tras sonreír, cerró los ojos, pensando cómo podría divertir mañana a su nueva amiga. Pero un susurro en la oscuridad lo sacó de sus pensamientos. Miró a un rincón oscuro de la sala.

-No más, muerte.

-Esa ninfa es mucho para ti, joven.

-Me da igual, lo intentaré de todos modos.

-Suerte con sus... Amigos.

Una macabra risa que solo Tamashi podía escuchar, retumbó unos segundos en la oscuridad antes de desaparecer. Tamashi frunció el ceño.

-Ya estaba advertido, maldito ser. Pero quiero proteger a esta chica.

miércoles, 24 de abril de 2013


Capítulo 9
La luz escondida

Seguía lloviendo a mares en el bosque. Había parado durante un rato minutos atrás, pero durante todo el día había estado lloviendo a intervalos, así que no era nada de fiar. Tara caminaba sin inmutarse de que su pelo estaba empapado, cayendo pegado a su espalda y sus brazos. Las alas se habían vuelto azul intenso, y al contrario de estar más pesadas por la lluvia, parecía que con cada gota estaban más vigorosas. La joven hada se paró en la entrada de su jardín y empezó a hacer escudos de agua a las plantas que se estaban ahogando, cuando las que aun necesitaban más agua estuviesen satisfechas, pararía del todo la lluvia.

Algo sonó detrás de ella. Normalmente los árboles le avisaban de qué se acercaba, pero esa vez solo escuchó de sus amigos unos gemidos de miedo. Preocupada, se giró para ver aquello que tanto los asustaba.

-Hola, jovencita.

Un chico de ojos rojos la miraba con frialdad y una sonrisa divertida, su pelo negro estaba pegado a su cabeza por la lluvia, pero la mecha roja seguía seca. Tara se estremeció ante su presencia, que no daba ninguna buena sensación.

-¿Quién eres?

El desconocido hizo una falsa pose de indignación.

-¿Cómo?¿Tantos años conviviendo en el mismo bosque y no me conoces?

Tara se encogió de hombros, ella solo conocía a Kasumi como habitante del bosque, además de las plantas y de los otros seres que hacía meses que se habían marchado. El joven sonrió de manera maliciosa.

-No puedo culparte, nunca nos hemos visto.

-Tengo entendido que en la parte frondosa del bosque vive un humano apartado del pueblo...

-¿Te parezco humano, Tara?

El hada estaba cada vez más asustada, y a sus espaldas los árboles seguían gimiendo de miedo.

-¿Cómo sabes mi nombre?

-Bueno, yo soy el hombre que vive en la oscuridad del bosque, y te puedo asegurar que ya no tengo nada de humano - miró a Tara y adoptó una pose menos amenazadora -. Los animales hablan mucho de ti.

Kai miró como Tara relajaba visiblemente sus alas, que en cualquier momento iban a ponerse en pleno vuelo. Sonrió ante la clara idea de que Tara no hubiese llegado demasiado lejos.

-Vengo para proponerte algo.

-Habla, te escucho.

-Mira, mi hermano pequeño está muy enfermo, y necesito una hierba que solo tú sabes encontrar. Se llama flor de la sangre.

Tara cambió el peso de su cuerpo a la otra pierna, con los brazos cruzados. Sabía que esa flor podía hacer algunos milagros, pero por lo general no traían nada bueno.

-Esa flor no es demasiado buena, ¿Qué le ocurre a tu hermano?

-Una enfermedad en la sangre, querida, y sé de buena mano que esa planta es capaz de manipular la sangre al antojo del poseedor.

-Exacto... ¿Qué recibiré a cambio?

Kai miró a la joven con sus intensos ojos rojos, que chispeaban de manera hipnótica.

-Tu poder oculto.

Un escalofrío recorrió la espalda de Tara, había escuchado a su maestro hablar de un poder que ella poseía, pero murió antes de poder preguntarle nada sobre eso.

-Explícate.

-Verás, querida. Eres Tara, hechicera del nivel más alto en la última escuela de magia, hada poseedora de todos los dones de la naturaleza, pero, ¿Por qué posees dichos dones, cuando las hadas normales solo poseen uno o dos?

Tara no supo responder a esa pregunta. Las hadas que conoció la trataban como a alguien especial, una elegida, pero jamás le dijeron las razones, o las cosas que le deparaba el futuro. Ahora, casi un año después, un desconocido le venía con la misma historia.

-¿Y qué tiene que ver con lo que me darás a cambio?

-Aun no has desarrollado todo tu poder, Tara.

Kai se acercó cada vez más a Tara, apresándola contra un árbol.

-¿Aceptas ser mi alumna?

Tara miró a los ojos a Kai, y vio en ellos una oscuridad demasiado aterradora para observarla durante más de cinco segundos. Bajó la mirada, consternada.



-No.

Kai borró su sonrisa de la cara tan rápido como el rayo y miró con dureza a Tara, que intentaba escapar del apresamiento.

-¿Segura? - su mano se deslizaba peligrosamente por su cintura, haciendo que Tara se sonrojara.

-¡Suéltame!

-Maldita, te enseñaré a no negar jamás una petición de Kai.

Tara se asustó de tal forma que cerró fuerte sus ojos, y algo dentro de Tara estalló. Su cuerpo empezó a emitir una luz tenue, pero sus alas brillaban como si fuesen el mismo sol. Gritó y alzó la mano, dirigida a Kai, que sonreía complacido ante la escena. Toda la luz de sus alas se transportó a sus manos, que dispararon aquella luz contra el chico. Kai se apartó justo a tiempo, pero la bola de luz retornó a Tara y se extinguió. El hada abrió los ojos, aun más asustada.

-¿Qué ha ocurrido?

-Solo he hecho una pequeña farsa para despertar tu poder, no me lo agradezcas. Puedes quedarte la flor, era parte de la farsa...

Tara miró confusa a Kai, que se estaba fundiendo con la oscuridad de la maleza.

-¿Quién eres?

-Oh, yo no soy nadie. Pero tú debes guardar a salvo ese poder. Pronto lo necesitarás para salvar aquello que más quieres. Dime, ¿Ahora quieres ser mi alumna?

Tara miró a Kai con hastío antes de que desapareciera del todo.

-Jamás.


La luz de la luna se hizo al fin permanente sobre el bosque dormido. Kai caminaba con tranquilidad entre la espesura, alejándose de un claro donde había dejado atrás a un hada muy especial. Sonreía mientras pasaba su lengua por el labio superior.

-Pronto te haré cambiar de opinión, querida Tara.

domingo, 14 de abril de 2013


Capítulo 8
Mi propia libertad

La lluvia caía con pesadez sobre el misterioso bosque mágico. Una extraña paz inundaba el lugar con los "plic" de la lluvia. Una vez terminó de llover, todo parecía más limpio y más puro. Excepto un punto en el centro del bosque.

Allí, un empapado joven de pelo blanco miraba frío a la amenazadora muerte que se plantaba frente a él.

-¿Sigues sin aceptar mi propuesta?

-Lo siento. Jamás seré tu siervo, lo sabes bien.

La muerte hizo un sonido parecido a una risa de ultratumba, y desapareció, llevándose consigo la tensión que ese lugar acumulaba. La vegetación baja de esa zona acababa de morir, así que el joven lo miraba todo con algo de tristeza. Pero un sonido imprevisto lo hizo trepar a un árbol a esconderse, al momento, Kasumi apareció angustiada entre los arbustos.

-¿Qué ha pasado aquí?

La ninfa se arrodilló en el centro del claro y murmuró unas palabras, en ese instante todo se volvió de color verde.

-Ya está chicas, no os preocupéis - dicho esto abrazó uno de los árboles del claro -. Gracias por avisarme.

Kasumi se marchó, alegre. El chico bajó del árbol con un destello de curiosidad en su mirada, dispuesto a seguir a esa ninfa.
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-Vaya vaya, estás muy agitado hoy, Akio.

Kai observaba con maldad como su preso golpeaba las paredes con su propio cuerpo, debido a la camisa de fuerza.

-¡Déjame salir, maldito!

-Aun no estás curado, sigues con deseos de matar.

-¡De matarte a ti solo, bastardo!

Kai rió para sus adentros y silbó una melodía propia de las cárceles humanas, lo cual solo hizo rabiar más al chico rubio que peleaba contra la camisa de fuerza.

Akio no tardó en resignarse y sentarse en un rincón de la celda acolchada, propia de los manicomios, pero hecha en los calabozos del castillo de Kai, el cual, aburrido de que su preso ya no hiciese nada, se marchó.

Akio aprovechó para frotar su rostro contra la pared y así quitarse la venda de los ojos. Entonces con la boca mordió uno de los cojines de la pared y éste se soltó, dejando un agujero lo suficiente grande para un adulto fornido como él. Sonrió satisfecho y se arrastró solo con las piernas por el túnel, rezando para no magullarse demasiado la cara. No tardó en alcanzar el final del túnel, que daba a parar en pleno bosque profundo, por lo que era casi imposible verlo. Se cortó las mangas en una roca afilada y se arrancó la camisa, dejando a la vista sus extraños tatuajes. Luego corrió hacia el otro extremo del bosque.

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Yukino tarareaba triste en un rincón de su casa, una pequeña cabaña de madera en pleno bosque. Normalmente estaba con su hermano los días de lluvia, y jugaban juntos a algunos juegos de mesa o a insultarse, pero hacía semanas que su hermano Akio había enloquecido en su entrenamiento como mercenario, y Kai lo había encerrado en el calabozo. Siguió arrodillada en el rincón, donde tenía fotos y algunas notas, hasta que llamaron a la puerta.

Le dio un escalofrío. Solo tres personas conocían su paradero, una estaba encerrada, las otras dos eran Kai y Aqua, y siendo noche cerrada, no era conveniente abrir a nadie, así que escondió el rostro entre sus rodillas y lloró en silencio, hasta que escuchó unos pasos frente suya. Miró, muy asustada.

Era Akio.


-¿Me has echado de menos, hermana?

Yukino sonrió y rompió a llorar. Esta vez de alegría.

-¿Cómo has escapado?

-Tengo mis medios. No podía dejarte sola más tiempo.

Se fundieron en un largo y cálido abrazo. Akio quería a su hermana por encima de todo y lamentó su locura por no haberla podido proteger.

-¿Te hizo algo Kai?

-No. Intentó venir a que le perdonara, pero no pienso hacerlo.

-Chica lista.

Pocos minutos después, volvieron a ser dos hermanos felices, jugando al ajedrez.

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-¿Hoy sales, Tara?

White miraba con curiosidad a su amiga, la cual llevaba un bonito vestido azul con volantes, llevaba el pelo recogido en un extravagante lazo azul e iba descalza.

-A parar la lluvia, a mis flores no les conviene tanto.

Suzumi, que estaba leyendo al lado de White en el sofá, la miró sorprendida.

-¿Puedes hacer tal cosa?

-Suzumi, yo puedo hacerlo todo - dijo Tara con una sonrisa.

-No puedes revivir muertos.

Tara lanzó a Kyle una mirada fulminante, la cual provocó que Kyle se convirtiese en gato y se escondiese debajo del sofá.

-¡La ira de Tara!¡Cuidado!

En apenas dos semanas, Kyle había pasado de no ser más que un tío seco y arisco a un bromista adicto a los dulces. Todos lo agradecieron profundamente, pero seguía siendo bastante arisco si de su comida se trataba. Tara suspiró y salió de casa.

-No destrocéis nada.

Y con esa advertencia, Tara salió de casa, dejándose empapar por el refrescante contacto con las gotas de lluvia...

Lo que no sabía, era que una amenazadora sombra estaba a punto de cernirse sobre ella.

sábado, 9 de febrero de 2013



Capítulo 7
Amistad en el ocaso

-Ah, la dulce brisa de la tarde.

Kai paseaba por la extensa nube oscura que un día fue una próspera ciudad de ángeles, se dirigía hacia una llamativa mansión que se divisaba en una colina, justo en el centro de la nube. En su jardín, Yami jugaba con unas muñecas sin cabeza y con manchas rojas que ella misma había dibujado. Se quedó mirando al intruso.

-¿Vienes a ver a Dark, como dije?

-Sí, ¿Está en casa?

Yami asintió lentamente y entró en la mansión, al cabo de unos minutos salió Dark con una sonrisa sarcástica.

-¿Qué te trae por aquí, compañero?

-Tu nueva aliada... Es un tanto peculiar.

-¿Aqua, la princesa marina? - Dark sonrió con satisfacción, pasándose la lengua por el labio superior - Tiene un alma con muy buena pinta. Pero la necesito, así que no se la comeré, ¿Qué buscas de ella?

-Verás Dark, esa chica salvó una vez a una "amiga" mía de que la matara por accidente. Desde entonces, ambas me odian, y quiero recuperar a esa amiga, ¿Entiendes?

Dark soltó una sonora carcajada.

-Así que el malo más malo de los alrededores tiene novia.

Kai puso una mirada severa.

-Solo es un capricho.

-Lo que tu digas, está bien, por la noche ordenaré a mi esclava que la anime a que te perdone, pero... ¿Qué recibiré a cambio?

Kai observó los alrededores sonriendo.

-Poder... Venganza... Almas...

-¿Me traerás a Tara?

-Oh, la encantadora joven hada que habita en ese árbol flácido - rió un momento -. Primero la iniciaré en sus poderes para que te sea más útil cuando la mates.

-Trato hecho.

Kai hizo una pequeña y maliciosa reverencia y desapareció. Dark entró a su mansión, en una habitación del piso superior. Allí estaba Aqua, llorando y encadenada a la cama.

-Irás al bosque.

-¿A qué?

-Volverás con tu amiga... Yukino, y la convencerás para que recupere la amistad de Kai.

-¡¡Jamás!!

-Por la noche no podrás evitarlo, esclava.

Aqua se estremeció y miró al suelo, triste. No tenía otro remedio, así que aceptó.

-Iré, tu ganas.

Dark, con un sencillo movimiento de mano, la transportó al lago del bosque, Aqua se sentó en una roca a mirar el ocaso, hasta que escuchó un sonido a sus espaldas. Se giró, alarmada, pero solo era una joven rubia, con dos graciosas coletas altas de color rosa. Sus ojos eran azul claro. Se miraron sorprendidas.

-¡Aqua! - exclamó la chica.

-Yukino... - dijo Aqua.

Yukino la abrazó muy fuerte, empapándose la ropa.

-Creí que habías vuelto a tu reino.

-Lo han destruido.

La chica miró a la ninfa muy alarmada.

-No... Yo... Lo siento mucho.

-Tengo que contarte algo importante.

Aqua le explicó todo lo sucedido con todo detalle, la coronación frustrada, perder a su chico y a toda su población, cuando Dark la poseyó, la visita de Kai, el trato, y finalmente, lo que le sucedería a partir de ese momento todas las noches.

Yukino quedó conmocionada.

-Eso es horrible...

-Lo sé. Por las noches debes impedir que me acerque a vosotros. ¿Dónde está tu hermano?

-Kai lo encerró en los calabozos... Enloqueció y lo está "curando"...

-Akio nunca se dejaría encerrar.

-Kai es un mundo extraño...

Ambas amigas miraron los últimos rayos del sol, Yukino rompió a llorar.

-No te preocupes. Me esconderé en el lago, tú vuelve a casa.

-Pero no puedo permitir que mi mejor amiga sea una asesina nocturna.

-Tranquila.

Apenas desaparecieron los últimos rayos del sol, los ojos de Aqua se empezaron a tornar totalmente negros. Yukino la abrazó una última vez y salió corriendo. Aqua miró al oscuro nubarrón que destacaba en un cielo despejado.

-Juro que algún día me pagarás esto, Dark...



Noche cerrada.

En casa de tara descansaban todos, en un sueño plácido y reconfortante, al menos así fue hasta que amaneció, ya que apenas lo hizo, un agudo grito desgarró el silencio del bosque. Un grito que alcanzó la casa del hada.

-¿Qué ha pasado? - preguntó Tara, saliendo precipitadamente de su habitación.

-Cuidado, yo iré primero.

Kyle se volvió de nuevo humano, pero con las orejas de gato, y se puso delante de Tara, como deteniéndola.

-¡Kyle, que no soy una inútil!

-Pero debo protegerte.

-¡Y yo debo proteger al bosque y sus habitantes!

Los demás miembros de la casa salieron también, alarmados. Y en menos de diez minutos fueron los cinco al lugar de donde provenía el grito.

Todos quedaron horrorizados al ver a una joven de apenas dieciocho años mutilada en medio del camino. Suzumi miró a Saya, acusatoria. Ella puso cara apenada.

-¡Yo no he sido!

-Es cierto Suzumi - la defendió Kyle - no la he escuchado salir de su habitación en toda la noche.

White, amante del humor negro, suspiró.

-Al menos ya tenemos desayuno para Saya.

Tara golpeó a White en el brazo, y se acercó a la chica.

-Ha muerto de forma muy rara, no tiene cortes... Es como si hubiese explotado.

-Qué agradable... - susurró Suzumi.

Kyle reparó en el pequeño reguero de sangre que había al lado del camino, que tenía dirección al lago, sin mediar palabra, fue hacia allí.

Tal y como pensó, en la orilla desapareció. Pero en el agua no habían restos de sangre, así que lo eliminó como cosa sospechosa. Al rato, vio un pequeño bulto de pelo azul en el centro del lago.

-¿Hola?

El bulto se sobresaltó, y subió a la superficie. Era una ninfa del agua, su pelo era azul, como sus ojos. Parecía asustada.

-¿Has visto algo de lo sucedido?

-Lo he oído todo... - susurró la ninfa.

Como parecía tan asustada, la llevó a casa de Tara, donde Aqua se presentó a los demás. Cayó en gracia a todos, y por dentro estaba aliviada de que no sospecharan de ella. Se sentía horrible por haber hecho algo así. Después de que la tranquilizaran, la invitaron a vivir con ellos.

-No, gracias, mi casa es el lago.

Aqua sonrió y se volvió a su nueva casa, donde se ocultaba prácticamente a todas horas.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Kai se acercó hasta la casa de Yukino, y llamó. La joven le abrió con cara de pocos amigos.

-¿Qué quieres?

-He escuchado que tu amiga ha vuelto...

-¡Sí, y me ha contado lo que tú y ese otro imbécil le habéis hecho!

Acto seguido, Yukino cerró de un portazo. Kai se quedó en el sitio. Pensando.

-Ninfa rebelde... Ya verás....

jueves, 31 de enero de 2013


Capítulo 6 
No sé quien soy.

White se pasó toda la noche buscando a Saya, la encontró finalmente llorando en una cueva del bosque, comiendo lo que dejó del chico que había matado. White se quedó de pie en la entrada de la cueva, mirándola. Ella le dio la espalda con hastío.

-¿Qué quieres?

-¿De dónde vienes, Saya?

Ella dio un respingo, se quedó mirando el pedazo de carne cruda que iba a comerse y lo dejó, se miró las manos ensangrentadas.

-De otro mundo.

-¿Cuál?

-Yo... No lo sé.

-¿Quién te da las órdenes de destruir este mundo?

-No lo sé... Creo que mis padres.

-¿Crees?

Saya se encogió de hombros y lo miró de reojo, incómoda, luego miró al suelo avergonzada.

-Sí, en realidad no lo sé cierto, solo tengo recuerdos de que es mi misión y que si destruyo todos los mundos a los que vaya podré volver con ellos.

-Eso es muy ambiguo... - dijo White sentándose a su lado, pero a la vez lejos del cuerpo del chico.

-Pero son mis padres.

-No lo sabes. Podrían ser tus verdugos que esperan a que llegues para matarte, podrías seguir destruyendo mundos para siempre sin saber que el tuyo fue el primero que destruiste, podrías no llegar jamás a tu mundo. Pueden ser demasiadas cosas.

Saya suspiró y lo miró, White la observaba sin enfado, pero tampoco con alegría, estaba neutro. No la juzgaba, y eso era lo que hizo sonrojar a Saya, que los tres años que llevaba en ese mundo la habían intentado asesinar más de diez veces. Se sentó mirando al ángel.

-Saya... ¿Quién eres?

Saya se quedó mirando al suelo en un estado extraño, silenciosa. A los pocos minutos alzó la vista buscando los ojos azules de White, éste la miraba silencioso, esperando respuesta. Entonces Saya soltó un sollozo ahogado y se refugió en los brazos del chico, donde lloró durante casi una hora.

-No sé quien soy. Llevo años sin saberlo, llevo casi veinte años vagando por el universo sin saberlo.

White la abrazó con ternura y le acarició la cabeza, buscando consolarla, luego la apartó un poco de él y la miró a los ojos, eran verde esmeralda, más extraños que los de los humanos, sonrió y le dio una palmada en la cabeza.

-Todo saldrá bien Saya, no te preocupes
.
-¿Cómo lo sabes?

-La tierra es distinta a los otros planetas.

-¿Por?

White sonrió aun más ampliamente.

-Te puedo asegurar que los humanos son capaces de todo, no solo ellos, los demás habitantes de la tierra también.

Saya se quedó mirando las alas de White.

-¿Cuántos seres hay en este mundo?

-No lo sé con certeza. Sé seguro el número de seres que no son mágicos que han descubierto hasta ahora, alrededor de un millón setecientas especies, pero no se han descubierto todas, se calculan cerca de diez millones. Además, me atrevería a decir que hay cerca de medio millón más de especies mágicas.

-Vaya, la tierra posee más diversidad que cualquier otro mundo en el que haya estado.

-No solo eso, ten en cuenta que además, por cada especie, habrán como mínimo un millón de individuos de esa especie. Desde animales hasta plantas, pasando por los seis billones de humanos que hay.

Saya se quedó asombrada ante la cantidad de seres vivos que habitaban un mundo tan pequeño, se encogió de hombros.

-Me arrepiento de haber querido destruirlo, porque veo que no solo hay humanos.

-Exacto, ahí quería llegar. Por eso no puedes destruirlo.

La  joven se quedó pensativa un rato, debatiendo en su interior sobre lo que creía conocer hasta ese momento y lo que acababa de saber, sonrió a White.

-Quiero formar parte de este mundo.

-¿Sí? - White sonrió complacido ante el éxito de mostrar su mundo.

-Enséñame como vivir en este planeta. A tener los sentimientos de los humanos, las costumbres. Realmente quiero ser una humana más.

White negó con la cabeza.

-No, no eres humana, si quieres quedarte, debes aceptar tu naturaleza.

-Bueno... Está bien, en realidad no soy asesina.

-¿Ves?

Ambos se miraron y sonrieron, su amistad acababa de empezar y ya se sentían como en casa cuando estaban juntos.

-Dime White, ¿Porqué los ángeles vivís en el cielo y los demás viven en el suelo?

-Porque los ángeles somos mensajeros de un ser superior. Nuestra tierra está aquí, con los seres alados.

-Es extraño, sin embargo los humanos no saben que existís.

-No deben saberlo. La humanidad ha evolucionado de tal forma que no aceptaría algo así.

Saya miró al amanecer, que se veía desde la entrada de la cueva, su mente había descubierto un nuevo horizonte, una nueva idea, sonrió para sus adentros ante la expectativa de su nueva vida.

-Lograré ser terrícola... - susurró.

Ambos seres cruzaron una mirada y una sonrisa. Una nueva etapa se abría para ellos.



Nota: Nótese que he intentado hacer un capítulo "concienciativo" y educativo para que veáis el mundo tan precioso que tenemos :)